
En el verano de 1811, el Río de la Plata estaba dividido. Buenos Aires había reemplazado al virrey por una junta, mientras Montevideo mantenía su lealtad a las autoridades españolas. La invasión napoleónica de España y la prisión del rey habían abierto la disputa sobre quién debía gobernar. En la Banda Oriental, Montevideo contaba con murallas, soldados y barcos de guerra, pero encontraba una resistencia creciente en la campaña.
La guerra contra Buenos Aires también se hacía sentir en las estancias y los comercios. Para sostenerla, las autoridades de Montevideo exigían contribuciones y préstamos forzosos. A eso se sumaban las restricciones al comercio y los reclamos para regularizar los títulos de las tierras. Entre pobladores rurales y comerciantes crecía el descontento, y la revolución ofrecía una salida política a esos conflictos.
Cerca de Mercedes, en el actual departamento de Soriano, Pedro Viera y Venancio Benavídez encabezaban grupos dispuestos a desconocer al gobierno de Montevideo. Se preparaban en los montes del arroyo Asencio. Antes de la jornada que daría nombre al levantamiento, una partida enviada contra ellos terminó capturada allí. Los rebeldes pudieron avanzar hacia el pueblo.
El 28 de febrero de 1811, los hombres de Asencio se presentaron ante Mercedes. Tras las gestiones para conseguir la rendición de sus defensores, ocuparon el pueblo. Quienes apoyaban a la Junta de Buenos Aires tenían ahora en sus manos un centro del poder español en la zona.
La acción siguió hacia Santo Domingo de Soriano. Viera marchó sobre la villa, que también capituló ese mismo día. En una jornada, los revolucionarios habían tomado dos poblaciones del litoral. El episodio conocido como grito de Asencio tenía así un resultado concreto: la resistencia rural podía avanzar sobre los pueblos y hacerse con su control. Desde Montevideo ya no se podía dar por segura la obediencia de aquellas poblaciones.
La rebelión se extendió con partidas locales que combatían en distintos puntos de la campaña. José Artigas llamó después «admirable alarma» a esa movilización. Al relatarla al gobierno paraguayo, destacó que habían tomado las armas tanto trabajadores a jornal como vecinos con tierras y bienes. La guerra reunía a sectores distintos, aunque sus diferencias seguían existiendo.
Artigas llegó a territorio oriental en abril, después de abandonar el servicio español y ofrecerse al gobierno de Buenos Aires. Asencio había ocurrido antes de su regreso. Su conducción ayudó a reunir las fuerzas que luego vencieron en Las Piedras y avanzaron sobre Montevideo. La ciudad que había intentado someter a la campaña quedó sitiada por tierra.
La memoria uruguaya convirtió a Asencio en un comienzo nacional. En febrero de 1811, sin embargo, el levantamiento era parte de la revolución rioplatense y su desenlace político seguía abierto. Había transformado la resistencia rural en una fuerza capaz de tomar pueblos y sostener la guerra. Desde entonces, el futuro de la Banda Oriental también se decidiría en la campaña.
Para seguir investigando
- ANEP, Uruguay Educa: el grito de Asencio y sus antecedentes.
- María Julia Ardao y Aurora Capillas de Castellanos: «El escenario geográfico del artiguismo», Revista Histórica del Museo Histórico Nacional, n.º 163, especialmente pp. 39–44 (PDF).
- MEC: «Dos calas documentales de 1811», estudio con transcripciones de la proclama de Artigas y de su oficio al gobierno paraguayo (PDF).