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La Revolución de Octubre rusa

Recreación ilustrada de La Revolución de Octubre rusa

Recreación generada con inteligencia artificial. No es una fotografía histórica.

En Petrogrado, durante 1917, hacer una cola para conseguir alimentos era parte de la vida cotidiana. La Primera Guerra Mundial absorbía transportes y recursos; los precios subían y los productos básicos escaseaban. La revolución de febrero había derribado al zar Nicolás II, pero el Gobierno Provisional mantuvo a Rusia en la guerra. Obreros y soldados también se organizaban en soviets, consejos que disputaban autoridad al gobierno. En el campo, los campesinos reclamaban tierras; entre las nacionalidades del antiguo imperio crecían las demandas de autonomía. La caída de la monarquía había abierto expectativas que las nuevas autoridades no lograban satisfacer. Para los habitantes de la capital, la libertad política convivía con dificultades muy concretas: abastecer la casa, conservar el trabajo y afrontar una guerra que seguía deteriorando la economía.

La búsqueda de comida incluso había creado una figura característica: personas que viajaban a regiones productoras y regresaban cargando provisiones en bolsas. Algunos actuaban por cuenta propia; otros, para organizaciones. Sorteaban las restricciones al comercio privado para abastecer ciudades donde los canales oficiales fallaban. Ese ir y venir permite entender cuánto trabajo exigía simplemente conseguir qué comer.

Durante los meses siguientes a la caída del zar, los bolcheviques de Vladímir Lenin ganaron influencia. La crisis provocada por el general Lavr Kornílov reforzó su posición frente al Gobierno Provisional, encabezado por Aleksandr Kérenski. En septiembre ya tenían mayoría en los soviets de Petrogrado y Moscú. Lenin insistía en tomar el poder mediante una insurrección, aunque dentro de su partido había resistencias.

El 23 de octubre, consiguió que el Comité Central aprobara el levantamiento. Grigori Zinóviev y Lev Kámenev se opusieron e hicieron pública su disidencia. La preparación, por lo tanto, no permaneció enteramente secreta. El Comité Militar Revolucionario del Soviet de Petrogrado, en cuya organización tuvo un papel decisivo León Trotski, se convirtió en el centro operativo.

El 6 de noviembre, tras la decisión gubernamental de cerrar la imprenta bolchevique, guardias rojos y soldados comenzaron a ocupar puntos estratégicos. Al día siguiente controlaban instalaciones esenciales de la capital. Era el 7 de noviembre según el calendario gregoriano, pero el 25 de octubre en el calendario juliano que todavía utilizaba Rusia: de allí el nombre de la revolución.

Los ministros permanecían en el Palacio de Invierno. Según el testimonio del ministro Serguéi Máslov, rechazaron entregar sus poderes a los insurrectos porque consideraban que únicamente una Asamblea Constituyente podía recibirlos. Durante la noche, soldados y marineros fueron penetrando en el edificio. Hacia las dos de la madrugada del 8 de noviembre, Vladímir Antónov-Ovséyenko arrestó a los presentes en nombre del comité revolucionario.

Mientras tanto, el Congreso de los Soviets reunido en Petrogrado quedó atravesado por la ruptura: delegados mencheviques y socialistas revolucionarios abandonaron las sesiones en protesta. Surgió un gobierno presidido por Lenin. Sus primeros decretos propusieron la paz y la redistribución de tierras; eso no significó que la guerra ni el hambre terminaran inmediatamente.

La toma del poder abrió una transformación duradera y conflictos que desembocaron en una guerra civil. La experiencia soviética marcaría la política mundial durante décadas. Su interpretación sigue en debate: algunos historiadores destacan la operación insurreccional de una minoría organizada; otros, las movilizaciones sociales que la hicieron posible. ¿Cómo evaluar una revolución cuando las esperanzas que la impulsan y el poder que construye siguen caminos diferentes?

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